Cómo sobrevivir en el Ártico y no extinguirse en el intento

El ambiente del Ártico es uno de los más extremos del planeta: está despoblado de árboles, el suelo está cubierto de hielo de manera permanente y la temperatura puede llegar hasta los -60° C en invierno. No es el ambiente más acogedor, pero eso no pareció ser problema para un grupo de osos pardos que, hace 480,000 años atrás, llegó de visita al ártico.

Después del paso de los años y de muchas generaciones, ese grupo de osos dio origen a la especie que conocemos como el oso polar. Pero, ¿qué adaptaciones necesitaron los osos para poder sobrevivir en un ambiente tan hostil?

Esa misma pregunta se planteó el investigador Shiping Liu y junto con su equipo de trabajo, analizaron casi 20,000 genes de dos especies, el oso polar y oso el pardo. Para eso, usaron modelos estadísticos para calcular cuales cambios genéticos posiblemente fueron favorecidos por el ambiente para quedarse dentro del genoma del oso polar. Por último, compararon que tan diferentes eran esos cambios entre las dos especies. Los genes que pasaron ese criterio de selección se agruparon en tres clases: 1) genes encargados del sistema cardiovascular, 2) los relacionados con procesar los lípidos y 3) los responsables de la coloración del pelaje del oso.

Los investigadores sugieren que esas mutaciones en funciones tan específicas se podrían explicar cómo las adaptaciones que fueron necesarias para la supervivencia del oso polar. Algunos de los beneficios que sospechan, adquirió el oso polar podrían ser: cambios en el sistema cardiovascular, adaptado a nadar grandes distancias en el mar, mejor capacidad de procesar los altos niveles de colesterol, producto de una dieta rica en grasas y el pelaje blanco, para un mejor camuflaje con un ambiente de nieve perpetua.

Pero lo más interesante de la investigación es que mientras esas mutaciones fueron benéficas en los osos polares, en el humano, las mutaciones en los mismos genes provocan un aumento en la frecuencia de ciertas enfermedades, como la aterosclerosis, fallos cardíacos y niveles elevados de colesterol en la sangre. Al parecer, los osos polares están a salvo de sufrir un infarto al corazón; los humanos, por su parte, tendremos que seguir preocupados por esa llantita abdominal que se niega a desaparecer.

ursus


Fuentes:

-Liu S., et.al. 2014. «Population genomics reveal recent speciation and rapid evolutionary adaptation in polar bears.» Cell 157: 785-794.

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