Papá Ganso

El nombre de Konrad Lorenz es reconocido por cualquier etólogo. Y no es por menos, él es considerado el padre de la etología moderna. Describió varios comportamientos y uno de ellos fue la impronta. Este comportamiento se define como “el aprendizaje que se da al exponerse a ciertos estímulos durante etapas críticas”. En el caso de los gansos, los sujetos de estudio predilectos de Lorenz, es como la cría reconoce como progenitor al primer objeto que ve (estímulo visual) justo después de nacer (etapa crítica).

Pero como todo descubrimiento, el suyo empezó como una graciosa casualidad. En su libro “Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros” relata sus anécdotas con sus animales criados en su casa en Austria. En una de esas historias cuenta lo que podría ser su primer encuentro con la impronta.

Lorenz relata como incubó, con la ayuda de una oca, durante semanas un grupo de huevos de ganso. Como buen padre quiso presenciar el nacimiento de uno de los polluelo. Al nacer, el gansito lo primero que ven sus grandes ojos es a Lorenz, el cual lo inspeccionaba detalladamente para asegurar la salud del recién nacido.

El plan original del etólogo era dejar al animalito bajo el cuidado de la oca que vivía en la granja que lo había ayudado en la incubación, pero pronto descubrió que eso no sería posible. El ganso lo seguía a él, y no importaba cuantas veces Lorenz colocara al animal debajo de la oca, el polluelo salía corriendo detrás de él llorando lastimosamente.

Al ver que sus esfuerzos por reunirlo con su madre asignada eran inútiles, Lorenz tuvo que resignarse a ser un papá ganso (“Y me porté como si yo hubiera adoptado al pequeño ganso, no como si él me hubiera adoptado a mí”). Se comportó como todo un padre ejemplar y hasta aprendió a producir sonidos de ganso para tranquilizar a su hijo adoptivo (comenta que se impregnó tanto en su subconsciente y temía que si alguien producía sonidos de un polluelo mientras él dormía, sería capaz de contestar con sus voces de ganso).

Al final Martina, como la nombró él, creció con la satisfacción y el asombro de Lorenz. Y él se quedó con las primeras ideas que lo llevarían a descubrir los mecanismos de la impronta, y posiblemente unos sonidos involuntarios mientras dormía.

Ganso

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