Donde come uno, comen dos

Los mosquitos son una de las razones por las que a muchas personas no les gusta el calor. Nos hacen pasar una noche desagradable si logran meterse al cuarto, y ni hablar de la comezón que tenemos que aguantar después de las picaduras. Pero la comezón es de los problemas menores que puede provocar este insecto. Varias especies de mosquitos de la familia Anopheles son portadores de una de las enfermedades más importantes para el humano: la malaria.

La malaria o paludismo es una enfermedad que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se encuentra en 91 países y áreas del todo el mundo, según los últimos datos del 2015. Este padecimiento es provocado por un grupo de protozoarios del género Plasmodium; al principio parece una simple gripa, con fiebre y dolor de cabeza, pero si no se da el tratamiento adecuado puede causar anemia e insuficiencia renal, hasta llevar a la muerte.

Debido a que la malaria está presente en muchos países (incluido México), es importante investigar a fondo al parásito. En julio de este año, la Dra. Mancio-Silva y colaboradores publicaron en la revista Nature un artículo donde reportan que el protozoario es capaz de detectar cambios en los niveles de calorías del hospedero, y ajustar su tasa de multiplicación conforme al mismo. Para demostrar lo anterior, realizaron una serie de interesantes experimentos con ratas, algunas especies de Plasmodium y dos tipos de dietas.

Formaron dos grupos de ratones y a cada uno lo sometieron a un tipo de dieta. A uno se le asignó el tipo ad libitum (grupo AL), en donde los animales tenían comida y agua siempre disponible. Al segundo (grupo CR), sólo se les daba el 60-70% de la cantidad de comida que tenía disponible el otro grupo, con la intención de restringir la cantidad de calorías que consumían. Con estas diferencias, los ratones del grupo CR bajaron de peso y disminuyeron los niveles de glucosa, grasa e insulina en la sangre.

Después, se infectó a los ratones con el protozoario Plasmodium berghei. Los ratones del grupo CR presentaron menor cantidad de protozoarios en la sangre, al compararlos con los ratones del grupo AL. Pero esa disminución también podía significar que los protozoarios están ocultos en otras partes del cuerpo, como el hígado o el bazo. Para descartar esta posibilidad, se enfocaron en la fase infectiva de Plasmodium, conocido como esquizonte.

El esquizonte es la forma que toma el parásito después de que se ha introducido al humano y ha pasado algún tiempo dentro del hígado. Esta forma sale del hígado y comienza a infectar a los glóbulos rojos. Dentro del glóbulo rojo, el esquizonte se reproduce y forma la siguiente fase conocida como merozoitos; estos se liberan de la célula e infectan más glóbulos rojos. Este ciclo de infección de glóbulos rojos por los merozoitos es lo que provoca la enfermedad que conocemos como malaria.

Se observó que en los ratones del grupo CR, la cantidad de merozoitos formados por cada esquizonte era menor que en el grupo AL, lo que provocaba que detectaran menos parásitos en sangre. Además, un análisis genético demostró que los protozoarios reprimían la expresión de ciertos genes responsables de la multiplicación del parásito, como la replicación del ADN y el control del ciclo de reproducción.

El siguiente paso que tomaron fue observar si, al eliminar la restricción de calorías en los ratones CR, el parásito volvía a cambiar su estrategia. Suplementaron glucosa a los animales del grupo CR, y como se esperaba, los ratones aumentaron de peso y subió su nivel de glucosa en sangre. Pero no fue lo único que cambió: hubo un aumento en la cantidad de parásitos en la sangre y se volvieron a activar los genes que estaban reprimidos. Lo mismo ocurría si los ratones pasaban de una dieta CR a una dieta AL.

Con esto, concluye la Dra. Mancio-Silva y su equipo de investigación, parece demostrase que el protozoario Plasmodium es capaz de detectar las alteraciones nutricionales de su hospedero y modificar su tasa de multiplicación. Pero esto no significa que si dejamos de comer carbohidratos estamos a salvo de la malaria.

A pesar de todo, no podemos dejar de maravillarnos de la increíble capacidad que tiene el protozoario de adaptarse a los cambios dentro de su hospedero, aunque eso pueda significar una lucha más difícil por conservar nuestra salud.

malaria


Fuentes:

-Mancio-Silva L., et.al. 2017. «Nutrient sensing modulates malaria parasite virulence.» Nature 547: 213-216.

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